Barak Rosenshine nació en 1930 en Illinois (Chicago). Fue profesor en el Departamento de Psicología Educativa de la Universidad de Illinois y terminó realizando un doctorado en Educación en la Universidad de Stanford. Su investigación ha contribuido de forma importante a comprender la efectividad de diversos métodos de instrucción directa, y quedó resumida diez principios fundamentales para que esta fuera efectiva. Aunque posteriormente se concretaron algo más, dando lugar a un total de 17. Aún así, a continuación se exponen los diez principios originales y la justificación de cada uno de ellos.

  1. Comenzar la lección con un repaso de lo visto anteriormente. Esto permite evocar, afianzar y consolidar los contenidos en el alumnado.
  2. Presentar la nueva información en pequeños pasos fomentando la práctica sobre los nuevos contenidos justo después de presentarla. Esto ayuda al alumnado a no sobrecargar la memoria de trabajo y les permite encontrar la utilidad práctica al contenido teórico que se esté presentando en ese momento en el aula.
  3. Preguntar con frecuencia al alumnado y ofrecerles feedback inmediato y correcto. Así se puede comprobar durante la propia sesión que el alumnado está comprendiendo las explicaciones. Además, promueve la actitud de participación activa durante las clases.
  4. Proporcionar ejemplos y modelos a seguir. Durante las explicaciones es necesario sustituir los conceptos abstractos por ejemplos concretos y demostraciones prácticas en las que se muestra a los discentes el proceso de aplicación del contenido a la práctica.
  5. Incitar a la reflexión sobre los contenidos, promover el tratamiento y la organización de la nueva información a través de resúmenes, mapas mentales u otras estrategias como los “visual thinking”.
  6. Comprobar constantemente si el alumnado está comprendiendo el porqué de cada fase del proceso. Esto permite rastrear al alumnado que aún no ha entendido los conceptos y, de esta forma, se podrá incidir en las explicaciones particulares hacia los mismos.
  7. Promover prácticas que puedan ser resueltas por el alumnado de forma exitosa. Así aumentarán los niveles de confianza y el sentido de autoeficacia del alumnado, que está relacionado con un mejor resultado en una futura práctica individual.
  8. Cuidar la individualización de las tareas y proponer diversos niveles de dificultad que se adapten a la diversidad del aula. Esto es clave para permitir que cada alumno construya su andamiaje cognitivo.
  9. Promover la práctica individual y autónoma. Cuando durante este tipo de práctica, el alumnado consigue ser competente y resolutivo, se podría afirmar que la instrucción ha sido exitosa y ha tenido lugar el proceso de enseñanza-aprendizaje.
  10. Repasar semanal y mensualmente los contenidos. La práctica espaciada es vital para el afianzamiento de los conocimientos a largo plazo. Dedicar lapsos muy cortos de tiempo a revisar contenido es una herramienta muy útil para rescatarlos, especialmente si encuentran algún tipo de relación con los nuevos contenidos que se estén impartiendo.
 
Todos estos principios permitirán que la instrucción directa en el aula sea más positiva. Además, es interesante que el tiempo bajo tensión del alumnado sea alto, ya que a veces es una de las razones por las cuáles el aprendizaje no tiene lugar de la forma en que esperamos los docentes (Rosenshine, 2015).

Como se puede observar en estos diez principios, la mayor parte de los mismos son llevados a la práctica por numerosos docentes, aunque a veces la falta de tiempo en el aula, la cantidad de contenidos a tratar u otros contratiempos pueden hacer que se olvide la importancia de alguno de ellos. Conviene recordar que enseñar no es fruto de la aleatoriedad y que los procesos de aprendizaje requieren de una buena estructuración de la forma en que se enseña.

 
REFERENCIAS:

  • Principles of Instruction: research-based strategies that all teachers should know (2012). American Educator.
  • Rosenshine, Barak V. “How Time Is Spent in Elementary Classrooms”. The Journal of Classroom Interaction, vol. 50, no. 1, 2015, pp. 41-53.

 

6 respuestas

  1. Hoola Teacher Migue! Me ha gustado esta publicación, tanto que me la he apuntado en mi cuaderno de ideas docentes. Nunca viene mal refrescar este tipo de cosas que dabas por sabidas pero que quizá no ponemos en marcha todo lo que deberíamos.

    Gracias por tu blog.

    Saludos,

    Soraya

  2. Efectivamente, cada día los docentes nos enfrentamos a la compleja tarea de poner en práctica estos principios. No obstante querido compañero, el trabajo en equipo en nuestro día a día nos va a permitir lograr mayor garantía de éxito. Saludos!!!

  3. Gracias Migue por recordarnos estos principios básicos en nuestra práctica docente. Hay una cosa que no entiendo:
    “es interesante que el tiempo bajo tensión del alumnado sea alto”
    ¿Significa que el alumno esté tenso, agobiado?
    Gracias

    1. Con esa expresión me refiero al tiempo que tienen que estar “expuestos”. Por ejemplo, en inglés, sería el tiempo total que pasan escuchando inglés, o realizando actividades. Se trata de que no pasen mucho tiempo “inactivos” o con actividades que sean pasivas.

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